El Modelo o Enfoque Pedagógico Humanista, toma como eje de trabajo, las
potenciales innatas de la persona (educando) con el objetivo de desarrollar al
máximo la individualización - que no significa formarlo aisladamente -, sino
trabajar a la persona como totalidad del proceso de enseñanza - aprendizaje. En
otras palabras, humanizar al hombre más allá de cualquier avance cuantitativo,
privilegiando por lo tanto, el desarrollo cualitativo que le permita
transformar el entorno en el que vive y asegurarse una mejor calidad de vida. Al
respecto, agrega Cardona: "El ser humano está constituido
originariamente (ontológicamente) por su esencia racional, pero se auto
constituye dinámicamente (éticamente) mediante su obrar libre que va
conformando su modo de ser propio, su carácter: su ethos". Sabemos que
esto no es fácil, pero tampoco imposible más aún si consideramos nuestra
heterogénea realidad peruana, que afronta históricamente problemas medulares
como la corrupción, la inequidad y la violencia social que ha crecido de
forma alarmante en esta última década. Este es nuestro reto como país, y en
medio de esas circunstancias la escuela esta llamada a contribuir en la visión
de futuro de nuestro Perú, a través de la formación de personas con un enorme
sentido de responsabilidad social y esto sólo es posible con una
auténtica y sólida educación en valores y un comportamiento ético que tome en
serio a las personas (educando) en su dignidad, en sus aspiraciones.
Por eso el objetivo fundamental de los centros de enseñanza media debe
ser educar, formar hombres íntegros, personas: tarea que no se puede cumplir
sin la cooperación de la inteligencia y de la libertad de cada uno. Para eso
hay que apelar a la persona. El alumno no es un ordenador, donde se entrega una
carga de información codificada, y luego, pulsando determinados resortes, se
obtiene la respuesta deseada. Se trata, por el contrario, de solicitar la
inteligencia - y no sólo ni primordial mente la razón cuantificadora - y la
libertad personales, de desarrollar sólidas virtudes intelectuales y morales.
Virtudes que, para ser tales, han de estar armónicamente ordenadas al fin del
hombre, de la persona, han de estar integradas entre sí y dirigidas al bien.
El Modelo o Enfoque Pedagógico Humanista(1), posee tres
principios fundamentales para asegurar una educación personalizada del
educando: el primero de ellos es la SINGULARIDAD que considera al ser humano
como único e irrepetible; el segundo, la AUTONOMÍA desarrollando en el
estudiante la capacidad de elegir y hacer con responsabilidad; por último, la
APERTURA, utilizando la comunicación y el diálogo como herramientas eficaces
para una sana convivencia, construyendo una cultura de paz y fortaleciendo la
democracia como modelo de sociedad.
Por otro lado, este enfoque pedagógico prioriza la educación
personalizada del educando, atendiendo sus diferentes dimensiones humanas, así
tenemos: la dimensión SOMÁTICA que busca la formación del cuerpo desde lo
físico hasta lo mental, otra es la dimensión AFECTIVA, modelando los
sentimientos y afectos de la persona para que se integre positiva mente en su
medio familiar y social, también le interesa la dimensión
INTELECTIVA - COGNOSCITIVA del estudiante , procurando la formación de la
inteligencia tomando en cuenta las habilidades innatas de la persona y
utilizando las nuevas teorías del conocimiento para elevar el nivel intelectual
del hombre, recurso básico para una auténtica revolución y transformación
social. Asimismo, le preocupa desarrollar en el alumno, la dimensión VOLITIVA
buscando que este ejerza su voluntad con libertad, que importante resulta en
esto tiempos hablar de esta dimensión humana, un buen número de
adolescentes y jóvenes que se encuentra en formación escolar carecen de falta
de voluntad para el estudio, ha ingresado en ellos cierto conformismo y buscan
casi siempre el camino más fácil para alcanzar sus objetivos, indudablemente no
podemos negar que es la sociedad la que les presenta esos modelos de distintas
maneras, de ahí la necesidad que el educador procure formar en ellos hábitos
perfectivos para su óptima realización personal, ya que el hábito es un
elemento primordialmente ético, el hábito es la especificación del modo de ser
de una persona. Por último, tenemos la dimensión TRASCENDENTE del hombre,
brindando una formación coherente de vida, es decir, urge desarrollar en el
adolescente una toma de conciencia de acuerdo a su grado de madurez que le
asegure una vida fructífera para su realización personal viviendo en sociedad.
Como podemos darnos cuenta, hablar de una educación personalizada en una
realidad como la nuestra, no es fácil. Es la escuela la que debe replantear el
proceso de formación escolar a través de los educadores, pero incluyendo
verdaderamente en este, al alumno y a su familia como actores educativos y protagonistas
de la historia de la humanidad.

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